jueves, 30 de diciembre de 2010

TODOS somos libres.

Disfruta de la fuerza y belleza de tu juventud. No me hagas caso. Nunca entenderás la fuerza y belleza de tu juventud...hasta que se te halla marchitado. Pero, créeme, dentro de 20 años, cuando en fotos te veas a tí mismo comprenderás, de una forma que no puedes comprender ahora, cuántas posibilidades tenías ante tí y lo guapo/a que eras en realidad. No estás tan gordo como te imaginas. No te preocupes por el futuro. O preocúpate, sabiendo que preocuparse es tan efectivo como tratar de resolver una ecuación de álgebra masticando chicle. Lo que sí es cierto es que los problemas que realmente tienen importancia en la vida, son aquéllos que nunca pasaron por su mente, de esos que te sorprenden a las cuatro de la tarde de un martes cualquiera. Todos los días haz algo a lo que le temas. CANTA. No juegues con los sentimientos de los demás. No toleres que la gente juegues con los tuyos. RELÁJATE. No pierdas el tiempo sintiendo celos. A veces se gana y a veces se pierde. La competencia es larga y al final sólo compites contra tí mismo. Recuerda los elogios que recibas. Olvida los insultos (pero si consigues hacerlo, dime cómo. Guarda tus cartas de amor. Tira los viejos extractos bancarios. Estírate. No te sientas culpable si no sabes muy bien qué quieres de la vida. Las personas más interesantes que he conocido no sabían qué hacer con su vida cuando tenían 22 años. Es más, algunas de las personas más interesantes que conozco tampoco lo sabían a los 40. Toma mucho calcio. Cuida tus rodillas, sentirás la falta que te hacen cuando te fallen. Quizás te cases, quizás no. Quizás tengas hijos, quizás no. Quizás te divorcias a los 40. Quizás bailes el vals en tu 75º aniversario de bodas. Hagas lo que hagas, no te enorgullezcas ni te critiques demasiado. Siempre optarás por una cosa u otra como todos los demás. Disfruta de tu cuerpo. Aprovéchalo de todas las formas que puedas. No le tengas miedo ni te preocupes de lo que piensen los demás, porque es el mejor instrumento que tendrás jamás. BAILA. Aunque tengas que hacerlo en la sala de tu casa. Lee las instrucciones aunque no las sigas. No leas revistas de belleza, para lo único que sirven es para hacerte sentir feo.
Hermano y hermana, juntos lo lograremos. Algún día un espíritu vendrá y te llevará hasta el final. Yo sé que te han hecho daño pero yo estaré ahí esperándote, y estaré ahí sólo para ayudarte cada vez que pueda hacerlo. TODOS SOMOS LIBRES. Aprende a entender a tus padres. Será tarde cuando ellos ya no estén. Llévate bien con tus hermanos. Son el mejor vínculos con tu pasado, y probablemente serán ellos los que te acompañarán en el futuro. Entiende que los amigos vienen y se van, pero hay un puñado de ellos que debes conservar con mucho cariño. Esfuérzate en no desvincularte de algunos lugares y costumbres, porque cuanto más pase el tiempo más necesitarás a las personas que conociste cuando eras joven. Vive en una ciudad alguna vez, pero múdate antes de que te endurezcas. Vive en el campo alguna vez, pero múdate antes de que te ablandes. VIAJA. Acepta algunas verdades ineludibles: los precios siempre subirán, los políticos siempre mentirán, y tú también envejecerás, y cuando seas viejo añorarás los tiempos de tu juventud, los precios eran razonables, los políticos eran honestos y los niños respetaban a los mayores. Respeta a los mayores. No esperes que nadie te mantenga, pues tal vez recibas una herencia, tal vez te cases con algún rico, pero nunca sabrás cuánto durará. No te hagas demasiadas cosas en el pelo, pues cuando tengas 40 años parecerá el de alguien de 85. Sé cauto con los consejos que recibes y ten paciencia con quienes te los dan. Los consejos son una forma de nostalgia. Dar consejos es una forma de sacar el pasado de la caneca de la basura, limpiarlo, ocultar las partes feas y reciclarlo, dándole más valor del que tiene. Pero hazme caso y nunca olvides que "TODOS SOMOS LIBRES".




martes, 14 de diciembre de 2010

PHENOMENON. Algunas cosas en la vida no se pueden explicar.

Todo tiene su sentido, aunque a veces nos cueste comprenderlo. Déjame que te cuente una historia: "Había una ciudad distinta a otras, habitada por pozos vivientes. Se comunicaban a través de su brocal. Hablaban y se relacionaban por esa abertura de la superficie. Los pozos, como las personas, creían que la vida consistía en almacenar cosas. Así, cuando se llenaban, muchos pozos comenzaban a ensancharse para tener más espacio y seguir llenándose de bienes. Sin embargo, en esa ciudad, había un pozo especial, un pozo que decidió hacerse más hondo que ancho, aunque él no era consciente de su singularidad. Pero el pozo tuvo una duda, si quería ser más profundo, debía desprenderse de todo su contenido. El vergel, que así le llamaban a este pozo por ser el único que tenía a su alrededor flores, excavó y excavó hasta encontrar agua. Luego se animó a nadar por el río subterráneo, y cuando hubo nadado muchos kilómetros, decidió ascender. La sorpresa fue entonces, que se topó con otro pozo... que se encontraba muy cerca de su brocal. Entonces el vergel se dió cuenta de un detalle que le pareció extraordinario, había estado mucho tiempo hablando de ese pozo, pero ahora, por fin, se conocían. Gracias a su coraje de vaciarse de todo lo que poseía y buscar en lo profundo, allá donde ningún otro pozo se había atrevido a dirigirse antes."

02/01/2011.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Escribir, es también no hablar. Es callarse. Es gritar sin ruido.

A todos mis miedos, mis fracasos, mis enemigos más íntimos. A todos los caminos que han pasado por mi lado, a todas las manos que me han rozado. A mis trenes perdidos y a mi mal dormir. A todos aquellos para los que no he estado. A los malentendidos, las mentiras y a nuestros silencios. A todos aquellos momentos que creí compartidos. A todas las frases que se dicen demasiado rápido y que no se piensan. A aquellas que no me atreví a decir. A los años perdidos intentando creer en ti, en mí, en lo que pudo haber sido. A todo lo que no he visto cerca, sólo de lejos. A todo lo que debí haber ignorado, a todos aquellos a quién debí haber olvidado. A los monólogos que yo no inventé. A las historias fallidas de haberse querido demasiado. A cordones y vidas en paralelo que nunca se cruzan o cruzarán. A todo aquello que nos llega por fin, pero demasiado tarde. A todas las máscaras que se deberían haber llevado. A nuestras debilidades y fallos. A los miedos imposibles de perder. A nuestras acciones perdidas.