Le miraban perplejos. Nadie se le acercaba, porque todos le temían. Él se despertaba cada mañana sin apenas dormir. Le llamaban loco, pero él era sólo valiente. Desnudo, salía cada noviembre a ver a las flores deshojarse. Arte, le llamaba. La rosa a la azucena. El cardo al zarzal… Todos desnudos al final.
Pero él iba más allá. Continuaba desnudando hasta verle el esqueleto a la ciudad. Relojes sin minutero, muros sin ladrillo, películas sin final…Y cuando consiguió que sólo quedaran la noche, los cuentos, el tacto y las miradas. Ese día, se fijó en como los demás le miraban.
Alguien le encontró agonizando, y con el corazón sangrando. Mirándole a los ojos le dijo: -La revolución está en el arte.- Untó su dedo en la llaga, y pintó su nariz de carmesí. Murió en una carcajada.
1 comentario:
Buena pluma Irune; debieras intentarlo; montar todas estas letras en un avión de papel y que llegue a mucha mucha gente.
El arte no se puede guardar en una cajita; porque sino al artista le falta el oxígeno..
Sal.
Abrazo.
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