miércoles, 16 de febrero de 2011


Le miraban perplejos. Nadie se le acercaba, porque todos le temían. Él se despertaba cada mañana sin apenas dormir. Le llamaban loco, pero él era sólo valiente. Desnudo, salía cada noviembre a ver a las flores deshojarse. Arte, le llamaba. La rosa a la azucena. El cardo al zarzal… Todos desnudos al final.
Pero él iba más allá. Continuaba desnudando hasta verle el esqueleto a la ciudad. Relojes sin minutero, muros sin ladrillo, películas sin final…Y cuando consiguió que sólo quedaran la noche, los cuentos, el tacto y las miradas. Ese día, se fijó en como los demás le miraban.
Alguien le encontró agonizando, y con el corazón sangrando. Mirándole a los ojos le dijo: -La revolución está en el arte.- Untó su dedo en la llaga, y pintó su nariz de carmesí. Murió en una carcajada.

1 comentario:

Nu Casanova dijo...

Buena pluma Irune; debieras intentarlo; montar todas estas letras en un avión de papel y que llegue a mucha mucha gente.
El arte no se puede guardar en una cajita; porque sino al artista le falta el oxígeno..
Sal.

Abrazo.